ejercer la autoridad

Algunos niños resultan difíciles de tratar, estos pequeños rebeldes , con peligro de convertirse en chicos problemáticos, en el fondo hay buenos sentimientos que la naturaleza a impreso en ellos, el sacarles brillo depende de los padres.

En ocasiones la raíz del problema está en la autoridad de los padres mal ejercida, a partir de los 7 años , los hijos desobedecen por rechazo a lo que no les gusta : la comida, ir a la cama, visitar a la abuela, todos ellos pueden ser germen de rebeldías.

Entre los 10 y 12 años y en la adolescencia, desobedecen no tanto por desgana sino para protestar contra la sumisión. Más que el contenido de la orden les importa el tono de voz de quien las da. Nos encontramos en el momento de ejercer con especial tino la autoridad, para no echar más leña al fuego que podría ser más peligroso.

  • Aprender a mandar. El camino hacia la independencia  conlleva la responsabilidad y la autonomía, no está mal que el niño ejerza su personalidad o sus preferencias, pero hay que inculcarles la responsabilidad de estudiar antes de jugar, que sean fuertes para pasar por encima de los pequeños sufrimientos, en definitiva, obediencia en un clima de libertad.


  • Demasiada protección.  Cuando los padres se resisten a admitir el desarrollo de los hijos, a reconocer que han crecido psíquicamente . Son padres que quieren alargar la infancia lo máximo posible y . por tanto, la relación de dependencia de sus hijos. Esto les lleva a no confiar en ellos, a decidir, en su lugar, a resolver la mayoría de sus problemas.


  • Autoritarismo malo. No ha de confundirse autoridad con autoritarismo, la dictadura familiar no requiere talento. Se da  cuando los padres ejercen su autoridad arbitraria, sin criterios válidos, de forma incongruente y como privilegios: el de ser padres y adultos. Si esta va acompañada de procedimientos humillantes ( castigos físicos, censuras en público, insultos) puede despertar una fuerte carga de cólera o una frustración personal que complica la situación de los niños.


  • Educar no es cómodo. Muchas veces el problema consiste en no ejercer la autoridad en absoluto, el miedo a ser un padre anticuado, no querer complicarse la vida. Este abandono defrauda a los hijos, la autoridad de los padres para ellos es una ayuda necesaria. Un ambiente demasiado permisivo, tiene efectos negativos y se asocia a niños impulsivos e irresponsables.


  • Ejercer la autoridad. Mandar es fácil, conseguir ser obedecido no tanto y que los hijos lo hagan sin gritos y miles de prohibiciones un reto. Debemos fomentar un tipo de autoridad que les lleve hacia todo ese conjunto de valores positivos. Es importante que los hijos no tengan la sensación de que mandamos por comodidad personal y menos, con aire de señor feudal sobre los siervos. Hay que exigir cosas razonables, que se puedan llevar a cabo, demos ser realistas, pues las personas necesitan aprender, eso requiere tiempo.  Además se les debe explicar los motivos de las normas.
  • No exhibir. La autoridad ha de exhibirse lo menos posible, cada vez que se emplea se expone a un riesgo y sufre un desgaste. Tan grave es no usar la autoridad cuando es preciso, como emplearla de modo reiterado que terminemos por perderla. No es bueno que el chico se acostumbre a oír una determinada orden varias veces. Así cada día tardará más en obedecer, y en muchas ocasiones ni siquiera llegará a hacerlo.
  • Como retar. A veces, será necesario reprender, pero lo normal es que pueda hacerse bien, y en ello va gran parte  su eficacia. Hay que tener sensibilidad para:
  1. Elegir el momento adecuado
  2. No humillar
  3. Hablar a solas y cuando estén de buen humor
  4. Aplicar empatía
  5. Intercalar palabras de afecto
  6. Mostrar seguridad

La inoportunidad y la falta de diplomacia son errores graves, nada conseguirá un padre o una madre que reprenda a sus hijos a gritos, dejándose llevar por el mal humor. Todo ello puede convertirse en un caldo de cultivo para un hijo rebelde.

Reglas de oro

  • Las normas en el hogar han de ser pocas, claras y bien entendidas ( saber que se debe y no hacer) .
  • No dejarse llevar por el nerviosismo, la disciplina no se opone a las buenas maneras.
  • Explicar a los hijos lo que pedimos, no aplicar  el ” porque lo digo yo ” .
  • Separar la conducta inadecuada del niño , del hijo a quien amamos en forma incondicional.
  • Evitar repetir órdenes constantemente o mostrar aire dubitativo, esto resta autoridad.
  • No ser padre policías, reforzar la buena conducta y alabarlas.

Bibliografía

REGIDOR, Ricardo, Asesor Alfonso Aguiló, Instituto Europeo de Estudios de la Educación


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